Transcurría placentera la sobremesa del 16 de agosto, festividad de San Esteban de Hungría, cuando repentinamente un liviano escozor se fijó en el lóbulo de mi apéndice auricular izquierdo.
Ante semejante alteración me miré en el espejo que, sobre la mesa Luis XV, adornaba la entrada del mirador de la finca Milcampanillas, recientemente adquirida.
Reclamé la presencia, con un propio, del doctor Guijuelo, llamado así por los lugareños debido a su afición a los productos de dicha zona.
Atendió solícito mi llamada y, tras un cortés saludo, procedió a revisarme la zona afectada.
Después de un exhaustivo reconocimiento me preguntó por los alimentos que había ingerido en el almuerzo.
-¿Doctor.. es necesario que realice semejante esfuerzo?
-Imprescindible-, me respondió
Verdaderamente supuso un sacrificio recordar los manjares engullidos, puesto que nada mas recordarlos podría suponer ganar unos gramos de grasa que no deseaba, pero era preciso para la certeza del diagnóstico.
Le relaté al doctor que antes del almuerzo recibimos la visita de los señores de Alamotieso, que se acercaron a saludarnos y a presentarnos a su sobrina Tonti Enea.
Para agasajarlos compartimos con ellos un liviano aperitivo consistente en paté de huevas de maruca, pichones cebados con cebollitas francesas y aliñadas con ajonjolí alcarreño, todo ello regado con un exquisito caldo de Cariñena, cuya añada no recordaba, pero si su intenso sabor afrutado.
Una vez marcharon los visitantes almorcé en el Salón Pétreo del mirador donde me hospedaba junto con mis amigos la familia Ferrá Llista, que por cierto amasaron una gran fortuna con sus negocios inmobiliarios en Costa Lila.
Continué narrándole al doctor el contenido del almuerzo: Pasta de arenque sobre hojaldre confitado; sardinas marinadas con alcaparras salteadas y pechuga de pavito asada en carbón de encina y de postre las inigualables natillas de leche de oca, que con tanta maestría elabora nuestra simpar cocinera Petra Cienfuegos.
Finalizado el examen el doctor, lupa en ristre, apostilló:
-Sin duda alguna el hecho causante del malestar que le aqueja ha sido inferido por una insolente mosca al posarse sobre tan delicada piel-.
Agradecí profundamente al doctor la atención prestada y tan sabio diagnóstico, y reanudé mi sobresaltado descanso.